
Dentro de las tantas teorías que dan la razón del naufragio del Titanic, está la del iceberg.
Sin duda alguna estos cuerpos flotantes saben hacer daño, y la razón principal, es que aunque se sabe de ellos y los navegantes conocen lo devastador que pueden ser, hay que manejarlo bajo el concepto de la suposición, porque es poco lo que se ve, y mucho lo que no se ve.
Se sabe de lo que flota, pero la gran parte sumergida, queda sujeta a la imaginación, no se sabe su forma, ni su tamaño, y es esa parte la que precisa el daño.
Así somos algunos cristianos, iceberg en el mundo, poca cosa es lo que de nosotros se sabe, sobre lo cual se puede conceptualizar, pero mucho lo que sumergido bajo las aguas de confusión se oculta a los demás, y como el iceberg, es precisamente la parte que hace el daño.
Cosas ocultas que no queremos traer a la luz, porque evidentemente se contraponen a nuestro mensaje o a lo que presuntamente profesamos o predicamos como conducta de vida.
Pero Dios nos llama en Mateo 5: 13 y 14 a ser sal de la tierra y lumbreras en el mundo, si solo hacemos visibles el 10% de lo que realmente somos, los demás no verán en nosotros un evangelio genuino.
Sal a flote y deja que el mundo vea en ti todo lo que realmente eres, que conozcan a través de ti el tamaño y la forma de Dios, que no representa ningún peligro, pudiendo evitar así el naufragio de sus almas.